Ante una determinada situación, puedo sentir sudoración de las
manos, desasosiego, nerviosismo, inseguridad, las ideas se
paralizan e incluso el ritmo cardiaco se acelera..........
Todos estos síntomas son debidos a una somatización (respuesta
física) de un proceso que podemos explicar como: esta
realizando una tarea que le está estresando.
En definitiva, una situación puede resultar estresante en la
medida que la persona la perciba como algo superior a su
capacidad de hacerle frente. Entonces empezamos a tener una
fuerte ansiedad y a pensar cómo tenemos que actuar en ese
momento. Esta activación nos hace que nos “pongamos en marcha”
para solucionar el problema. Pero si esta manera de actuar se
repite y se mantiene con relativa frecuencia, puede llegar a
tener efectos secundarios negativos en nuestra salud y en el
modo de percibir la realidad de nuestro entorno
¿QUÉ ES EL ESTRÉS?
Es la respuesta no específica del organismo a toda demanda que se le
haga.
La definición del padre del estrés, el profesor, Hans Selye es
muy amplia y significa que cualquier demanda física,
psicológica o emocional, buena o mala, provoca una respuesta
de nuestro organismo la mayoría de las veces esta respuesta se
hace en armonía, con a mayor naturalidad y sin consecuencias.
Otras veces, las respuestas exigidas por una demanda intensa y
prolongada, agradable y desagradable, son excesivas y superan
las capacidades de resistencia y adaptación del organismo.
El estrés, al igual que la ansiedad, nos permite poner en
marcha los mecanismos que hacen falta para hacer frente a una
situación, por eso, una pequeña dosis de estrés es necesaria
para nuestro funcionamiento. Lo normal es que a lo largo de
nuestra existencia pasemos por situaciones y momentos que nos
resultan estresantes y que superamos cada uno con más o menos
dificultad. Pero el problema surge cuando en nuestra vida
cotidiana todo es nerviosismo, ajetreo, prisa, obligaciones...
que hacen que el estrés se convierta en una constante en
nuestras vidas. Consecuencia de este comportamiento es que
nuestro organismo permanezca en un estado de continua alerta,
lo que altera su funcionamiento e incluso puede llegar a
afectar a distintos órganos y sistemas.
El estrés es una percepción subjetiva, la persona valora su
situación y su capacidad, pero lo que verdaderamente importa
para ella es su opinión y no la realidad. Por eso, una
situación es estresante en función del valor que le demos cada
uno de nosotros, pero por sí misma, ninguna situación es
estresante.
En resumen: El estrés se podría definir como la respuesta de
ansiedad que sufre una persona cuando tiene que enfrentarse a
unas demandas del medio que le resultan excesivas. La persona
cree que con su capacidad no va a poder lograr o superar
aquello que su entorno le pide.
¿CUÁNDO UNA PERSONA PUEDE ESTAR SOMETIDA AL ESTRÉS?
Una persona se encuentra sometida a una situación estresante
cuando la dosis se presiones que se sufre supera el umbral
optimo de adaptación, provocando que su organismo y estado
psicológico empiece a manifestar señales de agotamiento.
Llega entonces la fatiga intelectual y física, dificultades de
concentración, cansancio, falta de energía, dificultades para
hacer lo que tenemos que hacer “vacíos de memoria”, descenso
del rendimiento intelectual, falta de deseo, dificultades de
atención, impaciencia, inestabilidad, ansiedad, angustia,
tristeza, etc.
A este cuadro, ya elocuente, se añade, a menudo trastornos
funcionales psicosomáticos distintos de una persona a otra.
Todas estas señales, consecuentemente, no se presentan
asociadas en el mismo sujeto ni aparecen al mismo tiempo. Una
manifestación aislada y pasajera es completamente normal y
solo es significativa la repetición y la persistencia. Estas
diferentes señales de alarma, que debemos considerar y nos
llaman la atención, son un testimonio de un estado de estrés.
¿CUÁLES SON LAS CAUSAS DEL ESTRÉS?
El estrés es un proceso fisiológico normal de estimulación y
de respuesta indispensable para la vida y el funcionamiento de
nuestro cerebro y órganos.
Sin embargo, hay factores que exigen un exceso de adaptación
física, psicológica y biológica que son los responsables y van
más allá de una respuesta normal.
Para poder explicar la respuesta de estrés es necesario tener
en cuenta una serie de causas que pueden actuar de forma
relacionada. Ya sabemos que no hay situaciones que causen
estrés por sí mismas, por eso, necesitamos ver esta respuesta
como una interrelación de factores entre los que destacarían:
1. - Causas personales. Algunas características de las
personas hacen que ante un suceso se responda con un mayor o
menor estrés. Por eso las personas que responderían con estrés
serían:
- Las que tienen tendencia a actuar con nerviosismo ante cualquier
situación nueva o desconocida.
- Las que piensan que todo les va a salir mal, que van a tener mala suerte
y suelen sentir miedo.
- Las que tienen poca confianza en sí mismas y en su capacidad de
enfrentarse a las dificultades.
Estas características personales pueden ser más o menos
estables, es decir, todos, aunque estemos acostumbrados a
enfrentarnos diariamente a dificultades, y tengamos confianza
en nosotros mismos, podemos tener una respuesta de estrés ante
una situación puntual, sin que por ello, tengamos que
comportarnos así en todas las situaciones.
2. - Causas sociales y culturales. Hoy en día tiene mucha
importancia el tiempo y la forma de aprovecharlo. Todo son
ajetreos y prisas que produce en las personas un estado de
activación continuo.
Los cambios en nuestra sociedad actual son continuos y rápidos
y nos hacen que permanezcamos alerta. Los avances
tecnológicos, problemas laborales, los accidentes, la
inseguridad ciudadana, el tráfico, la inestabilidad económica
etc. Nos crean tensión y nerviosismo. Además para tomar
decisiones necesitamos tener cada vez más seguridad, sobre
todo personal y económica, para poder hacer frente a
situaciones que hace algún tiempo eran superadas sin grandes
dificultades.
Vivimos en una sociedad muy competitiva que nos exige ser el
mejor en cada una de las actividades que emprendemos, tenemos
que superarnos continuamente y esto en ocasiones nos resulta
una carga muy pesada.
3. - Sucesos estresantes. Un mismo suceso puede alterar a unas
personas y a otras no. Hemos de mencionar que hay unos sucesos
que sí se consideran que son estresantes, éstos pueden ser la
pérdida de un ser querido, una situación de paro laboral, la
separación o el divorcio, etc. Pero incluso estas situaciones
pueden ser vividas de manera muy diferente. Hay personas que
no admiten la existencia del problema o actúan de una forma
que les permite afrontar la situación sin que les perjudique
lo más mínimo.
Por eso, lo que puede explicar que aparezca o no una respuesta
de estrés, es la interacción entre el suceso en sí y las
características personales de cada individuo. Además debemos
tener en cuenta que las personas, en algunas o en muchas
ocasiones, tienen unos pensamientos negativos que se
convierten en estresantes.
Además de los sucesos que ocurren en el mundo, también son
necesarios los pensamientos que clasifican e interpretan estos
sucesos, y una respuesta física que se interpreta como una
emoción.
Existen dos fórmulas básicas para explicar el síndrome del
estrés:
1. Estímulo ambiental Þ activación fisiológica Þ pensamientos
negativos = emoción dolorosa.
2. Estímulo ambiental Þ pensamientos negativos Þ activación
fisiológica = emoción dolorosa.
Los sucesos, los pensamientos y la activación del cuerpo
constituyen el síndrome del estrés.
El resultado es la angustia.
Guillermo Menéndez A. Psicólogo Orientador Escolar
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