No matarás
Para una persona no violenta,
todo el mundo es su familia.
Mahatma Gandh
¿Dónde comienza la
violencia? ¿Quién es responsable de la violencia? ¿La
violencia es una cadena de la que no se conoce el comienzo ni
tampoco el final o existen responsabilidades claramente
identificables? ¿En qué sentido debe “leerse” un hecho
violento: en forma explicatoria, en forma comprensiva, en
forma condenatoria?
Ciertamente, estas
preguntas andan dando vueltas en mi cabeza, a partir de los
atentados del 11 de marzo en Madrid, desde el 11 de septiembre
en Nueva York, desde el atentado a la Amia, y desde el
atentado a la Embajada de Israel en Buenos Aires. Hay muchas
otras formas de violencia: violencia de Estado, violencia
cotidiana, violencia psicológica,
violencia social, pobreza, pero los
acontecimientos mencionados poseen no digo otra importancia,
pero si otra resonancia y demandan otro tipo de
explicaciones.
Hemos escuchado todo
tipo de “lecturas” luego del 11 de marzo, pero muchas terminan
por justificar la violencia, aún cuando se supone que intentan
condenarla. Que la participación de las tropas españolas en
Irak haya sido visualizada como “el” motivo por el cual el
atentado fuera perpetrado en Madrid a ciudadanos y residentes
españoles, como respuesta a la pregunta de “porqué a
nosotros”, ha contribuido a justificar a los causantes de la
tragedia más que a explicarla. Y esto es así porque imputar
exclusivamente a las políticas pro norteamericanas de Aznar
por haber contribuido al desencadenamiento de los atentados y
no hablar jamás de los terroristas que los realizaron, nos
habla de una mirada cierta, pero también corta e interesada.
Que no se
responsabilice socialmente al terrorismo islámico aún
habiéndose aquel atribuido tal masacre en nombre de la Yihad,
tiene su motivo y significado. ¿Será que algunos tienen cierta
simpatía con el fundamentalismo islámico y es más fácil cargar
todas las tintas internamente? Savater apunta contra esa
especie de simpatía pro árabe que creía ver en Bin Laden al
nuevo Che Guevara: “Son terroristas
contra intereses occidentales. Así como ETA no era ecologista
cuando ponía bombas en la autopista de Leizarán, Al Qaida no
es una organización internacional que combate a los países
invasores.”
Durante el 11 de
marzo, me encontraba de vacaciones en Necochea, una ciudad
bonaerense de la costa atlántica donde la colectividad vasca
es muy numerosa. Es por ello que Necochea tiene entre su
programación de cable de tv al canal vasco. Esto me permitió
escuchar entre los comentarios que se hacían en las mesas de
debate, a un joven sociólogo que una vez notificado de la auto
adjudicación del atentado por parte de fundamentalistas
musulmanes, señalaba que ello no nos debería llevar a
olvidarnos de los padecimientos del pueblo palestino. Aunque
el mensaje no era del todo explícito, sí era claro. En un
contexto como ese, cargado de angustia y pánico, no había más
que comprender que lo que aquel hombre decía era que los
atentados de Madrid no debían equipararse con los que tienen
lugar diariamente en Israel, porque los primeros no tenían
justificativo pero los segundos sí. Lo que ese hombre estaba
sugiriendo era que hay muertos que deben ser llorados y otros
que no lo merecen. Los muertos de las Torres Gemelas no fueron
llorados por muchos porque eran “yankies”, y se lo tenían
merecido.
Como ha dicho una
compatriota vuestra, Pilar Rahola: “Lo
más grave que está haciendo Europa, y lo más grave que está
haciendo la intelectualidad europea, y lo más grave que está
haciendo la izquierda europea, y eso sí que hay que
denunciarlo con rotundidad, es la minimización, la
indiferencia ante el terrorismo. Pasó en Buenos Aires, y no
fue nuestro tema. Nunca fue nuestro tema. Yo creo que ni
sabemos que existió la Amia. Y fue el campo de pruebas. Pasó
en Nueva York y no fue nuestro tema. (...) Y cada vez que
explota una cafetería en Tel Aviv no es nuestro tema, es cosa
de judíos.”
Entiendo que la indiferencia ante el dolor del otro no es
patrimonio de los europeos sino que ha caracterizado muchas
veces a la conducta del ser humano a lo largo de la historia,
sobre todo en situaciones límite, tal como lo cuentan algunos
sobrevivientes al exterminio de los campos de concentración
nazis, quienes relatan que a partir de allí aprendieron muchas
cosas, entre ellas que los vecinos podían entregarlos.
¿O
será quizás que no somos tan pacíficos como creemos? Como
decía Freud “...la principal razón por la cual nos sublevamos
contra la guerra es que no podemos hacer otra cosa. Somos
pacifistas porque nos vemos precisados a serlo por razones
orgánicas. Después nos resultará fácil justificar nuestra
actitud mediante argumentos.” El hecho es que hoy es dudoso
que podamos afirmar que la humanidad es pacifista. El regocijo
que algunos no intentaban disimular cuando cayeron las torres
gemelas delataba la dosis de violencia de las que es capaz el
ciudadano común contemporáneo.
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