Usted
sabe perfectamente, meridiano cogitador, que existen avances y
conquistas medicales y asombrosos conocimientos científicos
totalmente inimaginables hace decenios o siglos. Milagros
humanos.
Imposible clarificar indubitablemente los planes de Dios. Ni
siquiera la iglesia católica, aparentemente, lo consigue. El
padre amoroso, que puede realizar prodigios maravillosos que
usted ni siquiera columbra intuitivamente.
Por lo tanto, al tener la vida o la Vida una categoría
indilucidable y una riqueza incalculable, ¿por qué niega que
exista un ser todopoderoso y que la vida eterna es
imposible?¿No está teniendo usted un anticipo a ella?
Su racionalismo materialista, su ateísmo indemostrable, y,
acaso, su bien intencionada soberbia, revelan, a mi juicio,
una manera de razonar, todo lo brillante que sea, que le
colocan una venda en los ojos para no percatarse de la
finalidad de la vida, el sentido de ésta. Porque no ha sabido
ensamblar razón y corazón.
Efectivamente. Yo no sé si usted es o no cinéfilo. Un arte
terapéutico para sujetos no excesivamente graves. Ineficaz
para los agudos. Pero si desea visitar una sala para ver, por
mera curiosidad, “Una mente privilegiada” o “Madame Bovary, o
“Marie Curie”, tiene que abandonar la correspondiente
localidad. De igual manera, si desea sincera y ardientemente,
como quieran todos, la felicidad suprema para el conjunto de
la humanidad y el universo entero, tendrá que pagar un
tributo, por malaventura, de sufrimiento, abnegación y
trabajo. ¿Daría usted una cátedra fija a quien no está
debidamente preparado para desempeñarla?¿Aprobaría a un alumno
muy deficientemente dogmado, o ,mejor, desinformado? Me temo
que muchos catedráticos lo hacen… Usted cree que la razón le
sugiere que todo sea “normal” y conforme a la lógica. Hay una
lógica divina más allá de la lógica humana y filosófica. La
filosofía es desde luego utilísima.
Todos vemos aparentemente que la supermentada razón choca
inmensamente con la realidad nada racional, de nuestro áspero
mundo. La razón racionalizante de Hegel a Bielinski, por
ejemplo, ha fracasado. La intrínseca conciencia, palabra
clave, te revela para ser eterno ciudadano (en palabras de
Dante), de una ciudad eterna de verdad, de un cielo
probablemente cierto, hay que pagar tributo (ganar el cielo).
Esta vida, con todo lo irracional que es, es el puente,
digamos, hacia la verdadera vida. La entropía científica
sugiere que el universo desaparecería pero volvería a surgir.
Un toque divino, diríamos, lo llevaría a su culmen feliz y
sereno.
Juan Manuel Pendás |