|
¡Ay,
madres y padres! Solo tengo 2 añitos, pero no sabéis la de
quebraderos de cabeza que nos ahorraría vuestra atención,
vuestra verdadera atención.
A menudo os da por pensar, que nos vale con un beso y con un
buen plato de papas fritas hasta arriba.
Cuando jugamos a ser mayores, os reís de nuestras ocurrencias
y de nuestra inocua ingenuidad. Frecuentemente, chequeáis esa
enorme burbuja de cristal en la que nos mantenéis, para que no
entre una gota de ese aire desalentador. Esa puta vida como
canta Ana Torroja o esa puta realidad como grita la Naranjo
(aunque nos tapéis los oídos, lo escuchamos a la perfección
cuando ponemos la tele y vosotros, nos estáis cocinando las
papas).
La mamá de Paula nunca reparó en por qué su niñita tenía esa
fastidiosa manía de desnudar a las muñecas, destrozarlas y
mirarlas por dentro. A mi amigo Javi, le daba por diseccionar
los mandos del televisor o cualquier cosa que tuviera esos
interesantes y graciosos cables rojos. Adrián, pintaba las
paredes de casa en cuanto un dichoso bolígrafo o pintura se
ponía al alcance de su mano. Y Ángela, es de vicios caros.
Tiene la santísima manía de mezclar los perfumes de mami y de
papi.
Sin embargo, como dice nuestro amigo Serrat, es por nuestro
bien que nos tengaís que domesticar. Como dicen los de Ikea,
“eso no se toca, con esto no se juega…” y así sucesivamente,
como dicen los de Gomaespuma.
Sé que uso demasiadas referencias, pero es que a esta edad
todo lo copiamos, todo son alusiones, e ilusiones. Las niñas
queremos ser como Chenoa y los chicos quieren ser como
Fernando Alonso. Queremos ser gente importante, que se nos
quiera. Queremos ser como los de Gran Hermano, porque Papá
dice que viven como Dios y no hacen nada.
A veces veo Presta Asgaya, un programa infantil donde
trabajaré cuando tenga 22 añitos que se emite en la TPA. La
gente se ríe de nosotros porque decimos tonterías como que de
mayores, “Iremos a la universidad a estudiar canguro”. Pero la
mayoría, no se percata de la enorme sabiduría que a tan
temprana edad ya desprendemos. De hecho, es el único momento
de nuestra vida en el que no estamos adulterados por la
influencia de la sociedad. Resulta el momento más puro de
nuestra existencia, pues no conocemos las limitaciones, no
sabemos lo dura que es la vida. Solo conocemos aquello que
despierta nuestra curiosidad, esas cosas con las que cada niño
se atreve a investigar como si fuese un célebre científico,
con su propio y particular punto de vista.
Yo decía, “mamá, ¿Qué es eso?, aponguemelo aquí” y mamá, me lo
“aponguía” ahí.
Mientras escribo, van pasando los años por mí, y llevo toda la
tarde preguntándome a que cosas no he dejado nunca de jugar.
Parece una tontería, pero cuando te obligan a hacerte grande,
al mismo tiempo te obligan a desvincularte de tus sueños. Sin
embargo, si hay algo que recuerdo, es que siempre he tenido
complejo de Peter Pan y nunca he dejado de soñar. Ya se que la
vida está cara para andar soñando, pero siempre me dijeron que
soñar era gratis, asi que no creo que sea algo que nos pueda
pasar factura ¿No creeís?
Yo me encerraba en el cuarto y me inventaba historias, adoraba
escribir relatos fantásticos que plasmaba en aquellas pequeñas
hojas cuadriculadas, que pegaba con celo para entregárselas a
mi madre. Adoraba los micrófonos y todo aquello que me hiciera
gritar fuerte. Cogía la cámara de fotos de mis padres y hacía
estúpidas fotografías a las cajetillas de tabaco. Mi cabeza
salía en todas las cintas de video familiares perseguidas por
un incesante “Laura, quitate del medio” y hasta donde alcanzan
mis recuerdos más nítidos, rememoro una a una las largas
entrevistas que me concedían mis púberes amigas en mi diván
imaginario. Siempre he adorado desgranar cada una de las
múltiples facetas personales de aquellos que me han acompañado
en el camino y predecir así, cada una de sus reacciones.
Siempre me ha gustado tener la razón, llevar la voz cantante,
gritarle mi punto de vista al mundo y es exactamente lo que
estoy haciendo, porque yo, sigo jugando.
Con esto padres o madres, os animo a que conozcaís a vuestro
hijo. No espereís a que termine el bachiller o secundaria para
preguntarle que quiere ser de mayor, Pensad en lo que siempre
ha sido, intentad por un momento dejar de lado las
desesperantes cifras del paro en España, olvidad un instante
las cansinas salidas laborales y pensad que vuestro hijo, se
va a pasar la vida trabajando para salir adelante al igual que
vosotros; que menos que lo haga, en aquello que se siente
importante y único, Apoyadlo, alentarlo y disuadirlo de lo
contrario.
Ya lo dijo Coco Channel: “Uno no triunfa con lo que aprende,
triunfa con lo que es”. Si no queremos enfermeras tiranas,
médicos incompetentes, políticos corruptos o profesores
impertinentes, no empujemos a los más pequeños a adueñarse de
roles que no les pertenecen por un puñado de euros, la vida ya
es bastante dura ¿no os parece?
|