<%@LANGUAGE="JAVASCRIPT" CODEPAGE="1252"%> El Revistín
 
Estás en: Inicio › Firmas › Lourdes Dibuja Barreiro

“…Y FUERON FELICES Y COMIERON PERDICES” por Lourdes Dibuja Barreiro

Las estadísticas nos dicen que casi la mitad de las parejas que se van a constituir como matrimonio a lo largo de este año se disolverán durante el año siguiente. Se genera así la paradoja de que el modelo escogido por el ser humano para pervivir y mantener la especie (es decir, la familia) se convierte en una fuente de profunda insatisfacción para miles de personas.
Ante esta contradicción nos preguntamos que es lo qué ocurre, qué proceso experimenta una relación desde la inicial y potente atracción hasta el primer conflicto. Para ello, es preciso aproximarse al fenómeno del enamoramiento y describir qué es lo que hace que nos enamoremos de una determinada persona.
Cuando encontramos a la persona deseada se dispara la señal de alarma, se produce una fuerte reacción química en nuestro organismo. A través del sistema nervioso el hipotálamo envía mensajes a las diferentes glándulas del cuerpo, ordenando a las glándulas suprarrenales que aumenten inmediatamente la producción de adrenalina, provocando una serie de efectos incontrolables: el corazón late más deprisa, la presión arterial sube,…. Los síntomas del enamoramiento son el resultado de complejas reacciones químicas que nos hacen sentir a todos aproximadamente lo mismo, aunque nuestro amor lo sintamos como único en el mundo.
Novedosos estudios han identificado algunas de las sustancias responsables del amor: la dopamina (hormona de la felicidad), la feniletilamina (muy presente en el chocolate) y la oxitocina (implicada en el deseo sexual), resaltando que todas estas sustancias son relativamente comunes en el cuerpo humano, pero solamente son encontradas juntas en las etapas de la conquista.
Con el tiempo, el organismo se hace resistente a los efectos de estas sustancias, lo que provoca que la intensa fase de la atracción no dure mucho tiempo, la actividad química decae. La pareja, entonces, se encuentra ante una dicotomía, separarse o habituarse a manifestaciones más cotidianas del amor: compañerismo, afecto, respeto, tolerancia…. La pareja que permanece es la que madura, y la madurez se alcanza superando todos los pequeños y grandes conflictos que surgen en las diferentes fases por las que atraviesa la relación.
Desde la Psicología se observa claramente un aumento de conflictos y situaciones de crisis desde el momento que la pareja decide avanzar, dar un paso más, y toma la decisión de empezar una convivencia en común. Aquí empiezan los primeros sentimientos de desengaño, aparece la monotonía con las rutinas y obligaciones de cada día, hacen acto de presencia las costumbres y manías de la pareja; y al sentimiento de insatisfacción se le une la desmitificación del otro y la sensación de equivocación, de engaño.
Cada uno proviene de una familia con códigos de comunicación específicos, con valores propios, con hábitos arraigados (“…en mi casa siempre se hizo así…”); por ello es necesario un esfuerzo constante de adaptación a una realidad cambiante. El inicio de la convivencia debe enfocarse como un proceso, donde la mejor habilidad que debemos desarrollar y entrenar es la comunicación. La comunicación cuando hay amor parece tarea fácil, pero en realidad no lo es. A lo largo de las terapias se ha podido observar que las parejas que mejor pronóstico tienen no son aquellas que más cosas poseen en común, sino las que muestran mayor habilidad en la comunicación para llegar a acuerdos.
Las parejas han cambiado. La evolución de las relaciones ha ayudado a que la pareja de hoy en día esté formada y asentada sobre una base muy diferente a de nuestros padres y abuelos. Pero la explicación del por qué funcionan unas parejas y otras no sigue siendo básicamente la misma. Los cimientos sobre los que debe construirse una relación se centran en el apoyo mutuo, en el compromiso de construir algo juntos, sacrificios para conseguir cosas para el otro, respeto, amistad y lucha por los mismos objetivos.
Las parejas que funcionan han sabido, no sin poco esfuerzo, compartir estos aspectos y llevarlos a la práctica con éxito en su vida diaria y a lo largo de las diferentes fases de la convivencia. En la juventud, el reto es acoplarse y mantenerse unidos; en la madurez superar los problemas relacionales y familiares; y en la vejez, saber convertir la convivencia en respeto y apoyo recíproco.
No debemos olvidar que las relaciones y la convivencia en nuestra sociedad actual son muy diferentes a lo que la literatura, el cine, la poesía o los cuentos nos muestran al narrarnos una historia con una escogida música y un guión elaborado, donde el final suele ser la recurrente frase “…y fueron felices y comieron perdices”. Pero, debemos de tener presente que el guión de nuestra relación de pareja lo escribimos nosotros día a día.

Lourdes Dibuja Barreiro, Psicologa


Otros Artículos  - Hemeroteca
    

| El Revistín.com no se hace responsable de las opiniones expresadas por sus colaboradores |
 

EL REVISTÍN - Guía Comercial de Avilés y Comarca Plaza de España 12, 3º | Tfno: 985540352 | 33401 AVILÉS | contacto |